El dilema documental
En la fotografía de calle, muchas de las escenas que registramos pretendemos que sean un documento de lo sucedido. El problema a veces es darse cuenta de qué cosa es realmente un documento de lo sucedido, y si realmente captamos lo sucedido. A veces, esto no es tan simple como esperamos que sea, o no siempre sale como esperamos. De todas maneras, éste no es el objeto principal de este artículo.
Existen otros aspectos más interesantes de la fotografía de calle como documento, y esto es la posibilidad de grabar características de una cultura específica en la imagen, de tal forma que la imagen se transforme no sólo en el documento de una escena, sino también, en el documento de una cultura. Esto puede parecer más o menos obvio a primera vista, pero no lo es tanto cuando tomamos en cuenta la naturalización que la imagen ha sufrido en las ultimas décadas. A principios de siglo, luego de Niepce y el gran Oscar Barnack, la fotografía era algo que llamaba la atención por el mismo hecho de ser una fotografía. Pero hoy en día, la imagen, formando una parte tan natural de la cotidianeidad, definitivamente no llama la atención por el sólo hecho de ser una imagen.
Una forma entender esta actividad es entenderla como una suerte de fotoetnografía, o antropología visual. No sólo es la imagen el registro de una escena particular, sino que es el registro verídico de todo lo que provoca que dicha escena exista. La escena de la cual somos testigos es una escena, y punto. Pero como testigos responsables de la misma, hasta cierto punto podríamos decir que hay una obligación de registrar el por qué de dicha escena. Toda escena tiene su razón de existir, pero como testigos responsables, no solo existe la necesidad de registrar dicha escena sino el por qué de su existencia. Al margen de ellos, ninguna imagen es sólo una imagen. Toda imagen fue tomada en un determinado lugar, en un determinado momento cronológico, con una determinada razón. Desde este punto de vista, la imagen por sí misma es un documento de varias cosas. Si la imagen expone personas en sentido general, la forma de vestir de las personas es un registro antropológico.
Diferentes épocas, diferentes modos de vestir, diferentes gestos, diferente indiferencia a la cámara. Para colocar los datos concretos, la primer imágen es de mitad del siglo XX, tomada por Henri Cartier Bresson en la Francia de posguerra. La segunda, es de finales del siglo XX. Aunque sean imágenes radicalmente diferentes, las dos tienen el mismo peso en el fotografo como testigo responsable. Las imágenes no sólo captan el momento, sino que con el mismo peso, las dinámicas que los hacen posibles. La Francia de la posguerra, unida para la reconstrucción de la V República. La década de los 90, la ignorancia del de al lado.
Más allá de esto, ambas imágenes tienen peso por sí mismas en la abstracción de las mismas de su contexto. Esto es lo que hace que impacten en cualquier espectador, no sólo en el coinneseur de las particularidades del contexto de cada una de ellas. El registro visual en ambas imágenes es tanto de la particularidad de la escena como de la estructura y dinámica social que da su existencia. Si miramos con atención la imagen de HCB, en la imagen hay civiles, militares y niños. En la segunda imagen, la mujer que está pidiendo tiene un cartel que dice súplica de la sequía. La primera remite a la unión de un pueblo, más allá de las diferencias que hoy en día literalmente separan, en pos de algo en común, aunque sepamos ahora que es por la nada deseñable razón de la reconstrucción de un país. La segunda imagen, a través de los gestos de las personas y su vestimenta, hasta la tipografía y esquema de los carteles de propaganda del fondo, evidencia su contemporaneidad. La singularidad de la imagen de Brownlow reside en lo desusual de haber retratado algo tan común, que todos hacemos a diario, y evidenciarlo y documentarlo fehacientemente.
El sentido de documento, como evidencia, como documento antropológico visual, reside en dichas características de la imagen. Su contenido explícito, la imagen, así como su contenido implícito, lo que hizo que la escena retratada existiese. De la misma maneras que los dibujos pictóricos en las cavernas enseñaron cómo se cazaba en el paleolítico, la fotografía de calle enseña la dinámica compleja de la sociedad actual. No solamente o necesariamente denuncia o debe de ser una denuncia. Pero, el sentido documental de la imagen no reside solamente en la capacidad de objetividad de la imagen ni en la claridez de lo grabado en ella. El ojo del espectador juega un gran papel en ello. No sólo por el interés o no que el espectador pueda tener en la imagen y en el contenido implícito de ella, sino en, de alguna manera, el capital cultural del espectador. No todo el mundo tiene noción del cambio de modas, no todo el mundo puede dar la época de una imagen con ver algunos detalles de la misma. A veces, el sentido de la imagen como documento queda relegado a las posibilidades de interpretación del espectador/lector de la imagen. Lector, porque ciertas imágenes deben ser leídas además de vistas.
En última instancia, llevar una cámara fotográfica puede ser entendido de diferentes formas. Puede ser llevada como un juguete, como un pincel, como una herramienta de registro, etcétera. El entendimiento depende del que la lleva, y la forma de usarlo también.
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- Publicado:
- 12.04.07 / 8pm
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