De filtros, aberraciones y algo básico de óptica

El flare en la fotografía es un tema bastante común, pero poco conocido desde el punto de vista técnico. Además de eso, hay muchísimos mitos alrededor del mismo. Desde un punto de vista técnico, el flare es simplemente la reflexión, en los elementos internos de un objetivo, de rayos luz que no forma la imagen, proyectados en el film o sensor de la cámara digital, haciéndolos visibles en la imagen final.

Este efecto siempre existe desde el punto de vista óptico, dado que no hay un cristal perfecto. En un lente perfecto, el 100% de los rayos de luz se refractarían (es decir, se doblarían a medida que pasan por los cristales del lente, algo que es necesario para que el objetivo funcione como tal y forme la imagen en el plano del film), y 0% de ellos se reflejaría. Pero no ocurre así, y un cierto porcentaje de estos rayos se refleja en los espacios de aire existentes entre los elementos de un lente, lo que proyecta un rayo de luz sobre el elemento anterior, que vuelve a ser reflejado, y así sucesivamente en el trayecto del rayo desde que incide sobre el objetivo hasta que se proyecta sobre el film.

Como no encontré un diagrama claro y en castellano sobre el flare, hice uno. Muy modesto claro:

Diagrama del Flare

En el diagrama se puede observar, en color rojo, el rayo incidente que no forma la imagen. En amarillo, los rayos que forman la imagen. Al llegar al plano del film, se pueden ver estos rayos dispersos formando el flare y afectando la imagen controlada y bien formada, ilustrada en amarillo.

Cuando los ingenieros ópticos diseñan un objetivo, consideran estos rayos también. Estos rayos de luz usualmente se encuentran en los extremos del lente, con un ángulo de incidencia muy pronunciado sobre la normal del lente (que sería la perpendicular al mismo). La reflexión de estos rayos suele ser la más dificil de controlar, y generalmente un exceso de control sobre el mismo lleva a efectos no demasiado deseados a los fines artísticos, como por ejemplo, un bokeh no agradable, estéticamente hablando. Esto se evidencia en la preferencia de muchos fotógrafos de lentes más antigüos frente a los lentes de última generación fabricados con cristales de baja dispersión (la conocida sigla LD en los lentes) y también cristales asféricos (también conocida sigla AS, por Aspherical Surface), preferencia sustentada por motivos estéticos de la imagen mayormente, muchas veces subjetivo. Una referencia a esto ocurre con los fotógrafos de street que utilizan Leica, que muchas veces prefieren los modelos más antiguos del mismo lente frente a sus versiones Apo (las que poseen elementos asféricos), en pos de un mejor bokeh a costa de la pérdida de unas lineas de resolución.

Siempre hay rayos de luz que escapan a este control que el diseñador del objetivo puede hacer. No todos pueden ser controlados, y siempre aparecen rayos fuera de control que dan lugar a algunas aberraciones ópticas. No obstante, en general, las aberraciones son bien controladas por el sistema de lentes que compone el objetivo.

Siempre existió en fotografía el dilema filtro sí/filtro no. Me refiero específicamente al dilema de si usar un filtro UV o Skylight como protección para el lente. No siempre vale la pena, pero cuando tenemos lentes prime -como un Carl Zeiss 50mm f/1.4, que es un lente de primera- o lentes que particularmente nos gusta como trabajan (en mi caso, un Yashica 50/1.4, un Pentax 50/1.4), a veces pensamos seriamente en colocarles un UV o un Skylight como protección cuasi permanente.

EL problema de ello es que introducimos un elemento no planeado en el sistema óptico. Esto es importante: un elemento que no era tenido en cuenta en el sistema óptico, puede provocar aberraciones no controladas en algunas circunstancias. En general, cuando los filtros son de alguna marca medianamente conocida, como Hoya, Marumi, B+W (gama alta), etc., suelen ser fabricados con vidrios muy buenos, de baja dispersión, altos indices de refracción (o sea, dejan pasar mucha luz, reflejando muy muy poca), bajos índices de reflexión (o sea, reflejan muy poca luz), etc. Igualmente, no dejan de ser un elemento no planeado en el sistema y pueden introducir las aberraciones antes mencionadas.

Foto 1:

Flare - No filter

Foto 2:

Flare - Filter

La diferencia es bastante notable. Ambas fotos fueron tomadas en el mismo momento, con la misma cámara (Pentax K100D Super), el mismo objetivo (Pentax-M SMC 50mm f/1.4 ), misma ISO, mismo balance de blancos, etc. Sólo que la segunda foto fue tomada con un Skylight Hoya colocado. El flare y el ghosting aumentaron notablemente.

Desde el punto de vista de las condiciones de luz, es admirable que el lente sin el filtro se haya comportado tan bien, y que con el filtro el flare sea tan poco. No obstante, las aberraciones están. El filtro delante del lente introduce un elemento no calculado en el sistema, como fue dicho, que creo ciertas reflexiones no controladas que llegaron al plano del sensor, provocando el flare visible.

El dilema si usar dichos filtros como protección es de cada uno de nosotros. Personalmente, nunca sé cuando voy a estar en una condición de luz complicada, y tampoco se verlas siempre. Por ende, prefiero no usarlos y ponerle al lente una tapa.


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